Ratas, brea, roca, tribu y muñeca
Negras como la
brea, grises cual ceniza, marrones como la madera podrida sus pelajes lustrosos
y húmedos brillan en las tenues salas. Sus cuerpos cálidos lo cubren todo
haciendo que las paredes y suelos parezcan moverse inquietos.
Sus ojillos negros como joyas de obsidiana no paran de
observar, nadie entra y nadie sale sin ser captado por esas inquisitivas
cuentas, ni el más leve o suave movimiento puede escapar de su mirar.
Ellas son las ratas.
Hace muchos años la humanidad la repudió y dejó olvidada
en las alcantarillas sucias, como si no fuera más que una muñeca rota, ahora
les devuelve la jugada controlándolos desde el subsuelo, tirando de los hilos
que le proporcionan las ratas. Ellas la rescataron y la hicieron su reina
dándole el mundo de la superficie que se había condenado a vivir bajo las rocas
alejado de la luz cálida del Sol. Ella era su reina, todos la obedecían y
servían, se arrodillaban ante ella en un intento ahogado de sobrevivir, ella
era su reina y ella servía a las ratas.
