viernes, 12 de febrero de 2016

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Ratas, brea, roca, tribu y muñeca



Negras como la brea, grises cual ceniza, marrones como la madera podrida sus pelajes lustrosos y húmedos brillan en las tenues salas. Sus cuerpos cálidos lo cubren todo haciendo que las paredes y suelos parezcan moverse inquietos.

Sus ojillos negros como joyas de obsidiana no paran de observar, nadie entra y nadie sale sin ser captado por esas inquisitivas cuentas, ni el más leve o suave movimiento puede escapar de su mirar.

Ellas son las ratas.

Hace muchos años la humanidad la repudió y dejó olvidada en las alcantarillas sucias, como si no fuera más que una muñeca rota, ahora les devuelve la jugada controlándolos desde el subsuelo, tirando de los hilos que le proporcionan las ratas. Ellas la rescataron y la hicieron su reina dándole el mundo de la superficie que se había condenado a vivir bajo las rocas alejado de la luz cálida del Sol. Ella era su reina, todos la obedecían y servían, se arrodillaban ante ella en un intento ahogado de sobrevivir, ella era su reina y ella servía a las ratas.

Ellas son las ratas, su organización es ordenada pero roza el caos, es estable durante un tiempo pero luego vuelve a caer en el desorden carnicero, a todas las tribus les gusta tener control sobre las otras. Las ratas le dieron el poder y las ratas se lo pueden arrebatar. 




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